El campo de maniobras de Chinchilla en el Siglo XXI

La movilización fue masiva en Higueruela y el movimiento antimilitarista y ecologista de Albacete se activó en la causa y se paralizó esa política de uso y sobre todo abuso.

 

70 años de inmersión bélica en una de las provincias más militarizadas del estado, hace de la provincia de Albacete un “cortijo” donde se ensaya lo que luego se ejercita en un conflicto bélico, en una guerra, con todas sus connotaciones. Desde que Franco decidió destinar suelo y propiedad a las prácticas y ensayos del ejército en la provincia de Albacete, los campos de 5 cinco pueblos se ven afectados con sus respetivas vecindades. El nombre lo lleva Chinchilla, pero además, Hoya Gonzalo, Higueruela, Pozolorente y Casas de Juan Núñez tienen en su término este acotamiento militar. Ni que decir de la propia ciudad de Albacete que dista de 14 km del campo de maniobras.

Y el por qué de elegir estas tierras, haciendo un poco de retrovisor en la historia, se puede entender que fue el efecto reflejo de una mini sublevación del pueblo de Higueruela por el desacuerdo popular por la delimitación de los términos donde en los años 50 se organizaron y defendieron su territorio en una afrenta tensa con la Guardia Civil del momento. De aquellos polvos, estos lodos. Franco, y sus acólitos, aprovecharon la situación de conflicto para acallar a la sociedad del lugar y mandaron al ejército de la época a la Sierra de Chinchilla a hacer sus maniobras militares e impresionar (asustar, someter de paso) al paisanaje. Les fueron tan bien sus ensayos que rápidamente y en esa década decidieron comprar a precios bajos y con expropiaciones las 14.000 hectáreas que forman el conocido campo de maniobras y ahora le añaden de “tiro”. Todo, embalsamado de crípticos usos y abusos que hacen e hicieron con estas tierras y sus gentes. Siempre sometidos al suculento “necesario para la defensa nacional” o apostillan “secreto de estado”.

Las tierras, de geología caliza y bosque mediterráneo no tienen ningún interés político para su protección. Tierras, dicen, baldías que no tienen ningún valor ecológico, según algunas administraciones. Así hablan desde la ignorancia, porque la no protección de la sierra y la llanura, de la cultura y el hábitat de esos lugares, la historia, la fauna y la flora de ese paisaje tiene un valor por encima de las calificaciones políticas y territoriales. Es más, las prácticas militares cumplen, dicen, “normas medioambientales con el máximo rigor”. Más ecologistas que los ecologistas. Ojear sino las publicaciones del ejército o sus web y comprobar como se apropian de términos que no les pertenecen. Y viene a colación, y curioso es, y fue, que ilustres ecólogos, tal que Joaquín Araujo, defendió y apoyó en su momento la clasificación de campo de tiro y/o de maniobras como tierras protegidas y ecológicamente equilibradas gracias al uso militar que se hacía de ellos, alabando la cantidad y calidad de la fauna y la flora de estos espacios. No sé qué mosca (militar) y los argumentos militares que le llevaron a esa decisión, pero entre una tierra usada por el ejército o por las gentes del pueblo, me creo que lo segundo crea menos impacto. En fin, opiniones, actitudes y vísceras.

Desde entonces, campan a sus anchas por este territorio tropas y tropas, ejércitos de todos los países de la OTAN con sus modernas y sutiles armas, con sus vehículos pesados y aeronaves de todos los tipos , con sus escaramuzas de guerra ficción, con miles y miles de militares metidos en varias base pendientes de una práctica que trata de aniquilar (dix neutralizar) al enemigo ficticio que luego aplicarán al enemigo real pero unido a la palabra “destrucción”. Se inventan enemigos y también decirlo, como no, como basurero de armamento caducado que luego explosionan ocasionando destrozos naturales y en algún caso de muertes. Leer las hemerotecas nos da una visión de la cantidad de civiles y militares muertos en 7 décadas. Además, se dice que es para el ejército de tierra, pero por allí pasan helicópteros y aviones bélicos, por lo tanto la agresión es doble, desde tierra y desde el aire, y ya marina sería un exceso, pero que también interviene en ese cruce de maniobras y desde mar también se implican en esas macro-maniobras de la OTAN que se montan.

Baladí es justificar con una excusa barata el declarar la zona de interés para la defensa nacional, un espacio bélico en un ambiente de destrucción del territorio, donde tienen la desfachatez de aplicar normas ISO a nivel medioambiental en sus correrías por la sierra.

Le llaman CENAD, y es una base militar, y dentro del campo de tiro tienen instalaciones fijas y permanentes, entre otras contiene un polvorín de armas (proyectiles, bombas, munición… de gran variedad y sofisticación) que hacen de esa zona un lugar muy inseguro, muy peligroso. No entendemos de armamento, pero siendo manchegos y mal pensantes, hemos de imaginar que si explotara, por accidente, eso sí, el polvorín, el castillo y el peñón de Chinchilla no quedarían indemnes. Insistimos, en la hemeroteca podemos ver y leer la historia de este territorio, datos y noticias de los “accidentes” e incidentes que las prácticas del ejército ha causado a civiles y militares desde que se implantó

Dicho panorama, ha sido poco contestado por la población civil de la zona y alrededores. Desde la aparición del Movimiento de Objeción de Conciencia a finales de los años 80 en Albacete empieza a cuestionarse el uso destructivo que el ejército hace en la Sierra y de otros territorios y se empieza a apoyar la desmilitarización de Cabañeros y Anchuras en Ciudad Real. Aquella reivindicación se trasladó a la Sierra de Chinchilla, cuyo apoyo fue minoritario, hasta que surgió la idea sutil y macabra del Ministro de Guerra de aquel momento con traer la actividad del campo de tiro de Bardenas del ejército del aire al campo de tiro de Chinchilla. La movilización fue masiva en Higueruela y el movimiento antimilitarista y ecologista de Albacete se activó en la causa y se paralizó esa política de uso y sobre todo abuso. En el resto de pueblos apenas se movilizaron. Sus alcaldes en aquel momento, y en la actualidad, buscaban y consiguieron compensaciones económicas paupérrimas por la afección militar y que a fecha de hoy han conseguido unas migajas con lo que compran su silencio y su parte crítica. Todo se silenció. No hay oposición en la actualidad.

Fueron años de reivindicación, de acampadas, de marchas de bicicletas, de manifestaciones, de charlas por los pueblos, de repoblaciones, de denuncias. Movilización popular que se concretó en un video, realizado con el dinero de la objeción fiscal, titulado “Donde se cuece la guerra”, donde se expone claramente la afección y la oposición de la población civil al campo de tiro y de maniobras de Chinchilla.

Donde se cuece la guerra

Las gentes de esta zona ya no luchan por su tierra, por defender la vida frente a la práctica de la destrucción, han, hemos normalizado esta situación, llevan tanto tiempo ahí que entre otras cuestiones sociales, políticas, ambientales, señalar lo incuestionable que ha sido en este país el ejército saliendo de una dictadura, porque el panorama internacional pintan guerras, por los miedos que surgen y por los que nos crean, por las pocas y mayores personas que pueblan estos pueblos, porque la gente de la ciudad acomodada está en otras cosas.

Tendrán que venir y llegar otras generaciones, o surgir algún drama o fenómeno sociológico para que se active la expulsión de ejército de la sierra, se dejen de hacer estas prácticas en éste o cualquier otro territorio…y, por una vez, el ejército español, entreguen las armas, como lo hizo ETA. Una sociedad desarmada y resoluta en sus conflictos por las vías novilentas lleva mucha práctica y mucho ensayo. Llevará siglos el cambio, pero, ya estamos tardando. Manos al campo.