El cuidado de la vida en los estudios de Economía y Empresa

No me voy a Marte, mientras quede amor en la Tierra.

 

Con el tiempo podemos valorar con más perspectiva y profundidad los afanes que a lo largo de nuestra vida dedicamos a los estudios reglados oficialmente. ¿Estudiar para aprender, estudiar para aprobar o estudiar para qué? Pasar entre 15 y 20 años de nuestra vida en las aulas durante una parte importante del día, debería ser suficiente para descubrir y asimilar los saberes básicos para una vida comunitaria respetuosa con todos los seres vivos, basada en los principios de la ayuda mutua y los cuidados. Lejos de ello, el sistema educativo convierte la mayoría de las veces a las personas en autómatas con aspecto humano. Una distopía que va más allá de odiseas terrestres en las que la inteligencia artificial tendría incluso prejuicios para internarse.

Hace 30 años que comencé como profesor en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Albacete, en el seno de la recién creada Universidad de Castilla-La Mancha. Desde entonces he tenido la suerte de compartir aulas con más de 5.000 chicos y chicas de diferentes generaciones, así como más de un centenar de profesores/as.

Durante mis estudios de Economía en la Universitat de València me habían atraído especialmente las asignaturas de mayor contenido social y crítico (Política Económica, Teoría del Estado, Sociología), si bien, paradójicamente, las mejores calificaciones las obtenía en las disciplinas que más herramientas formales y numéricas desplegaban (Matemáticas, Teoría Económica, Sistema Fiscal, Econometría). Esta visión mecanicista de la vida es la base de la globalización que todo lo coloniza y lo consume. Que la satisfacción de las necesidades básicas de la vida dependa fundamentalmente del mercado y de la maximización de beneficios hace de este sistema una máquina de triturar personas e ilusiones, y por ello es inmoral.

Cuando comencé mi actividad investigadora, enfoqué mi tesis doctoral al estudio de las relaciones entre economía y naturaleza. Por aquellos años, a principios de los 90’s, se había puesto de moda el término “desarrollo sostenible”, un oxímoron que pretendía la cuadratura del círculo. Entonces como ahora, el crecimiento económico desbocado del sistema capitalista es absolutamente incompatible con la viabilidad de multitud de formas de vida, entre ellas la humana. No hay esperanzas dentro del mismo.

Y lo que es peor, la inercia de la megamáquina capitalista hace que otras formas de organización comunitaria al margen del sistema no tengan ninguna capacidad de frenar este delirio. A lo más que pueden aspirar es a ser consecuentes con las leyes de la termodinámica y de los ecosistemas, y a prepararse contra reloj para un futuro que ya ha llegado, donde el cambio climático, los totalitarismos y los abismos sociales infligen daño y sufrimiento a los nadies “Que no son seres humanos, sino recursos humanos”. Las nuevas tecnologías no nos liberan de las restricciones que marca la Naturaleza, todo lo contrario, nos introducen todavía más en sus misterios y límites.

Este curso, y los sucesivos, ya sin tapujos ni paños calientes, comienzo el primer día de clases con las siguientes palabras: “Bienvenid@s a una Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Nada de lo que aquí se pretende que aprendáis sirve para evitar el colapso ecosocial de la humanidad, todo lo contrario, lo acelera. Si os parece, en este curso vamos a dedicarnos a pensar, dialogar, SENTIR y construir un mundo diferente, ese que no está en los libros de texto, sino en la cultura y en las manos de las gentes sencillas y humildes”. "No me voy a Marte", mientras quede amor en la Tierra.