Ganadería industrial avícola, más de lo mismo

Nuestro derecho a comer una cantidad tres veces superior de carne que la recomendada justifica la crueldad genética y la sumisión a condiciones terribles de vida que se imponen a otra especie.

 

Recientemente, Acem ha presentado alegaciones a dos proyectos de granjas de engorde de pollos, más comúnmente llamados broilers, uno de 80000 pollos en el término de Alborea Y otro de 64000 en el término de Mira. Normalmente, la lucha contra la ganadería industrial suele centrarse en el porcino, posiblemente ante el evidente impacto de dejar expuestos miles de metros cúbicos de deyecciones animales en gigantescas balsas que diseminan su olor y contaminación por los alrededores. Y aunque el avícola está también en el punto de mira, lo está en menor medida. Pero ambos sectores exponen la manera aberrante como nos alimentamos y lo lejos que nos situamos de la manera en que se producen nuestros alimentos. Preferimos no saber, porque el que no sabe no siente.

Parece que nuestro derecho a comer una cantidad tres veces superior de carne que la recomendada por los especialistas deba anteponerse a todo y justifique la crueldad genética y la sumisión a condiciones terribles de vida que se imponen a otra especie, sean pollos, vacas, cerdos o conejos.

Fruto de la estrategia de un capitalismo en competencia salvaje que necesita siempre maximizar la producción minimizando los costos, ignorando completamente los impactos a corto, medio y largo plazo, la ganadería industrial se ha extendido enormemente en la región de Castilla la Mancha.  Y como siempre la historia se repite, se privatizan los beneficios, que recaen en unas cuantas empresas que constituyen más bien un oligopolio y se socializan las pérdidas en forma de contaminación de acuíferos, gases de efecto invernadero, olores y molestias, zoonosis, etc. En el caso de las aves, nos hemos convertido en la mayor productora de huevos de España, uno de cada 4 huevos de España se produce aquí. En 2020 el censo de gallinas ponedoras en la región era de 12,8 millones de plazas.

Algunas pequeñas poblaciones se han convertido en el epicentro, como es el caso de Mira en Cuenca, la cuál, si sumamos los pollos y gallinas que tiene ya con los que están en trámite de aprobación ascienden a la impresionante cifra de 1.018.000 aves; por otra parte cuenta o contará con 15000 cabezas de porcino. En contra de lo que manifiestan las grandes empresas del sector, la ganadería industrial no fija la población, sino que es un efecto colateral de la misma, particulares que, a causa de la despoblación han ido acumulando un pequeño capital y tierras se lanzan a la aventura de lo que les prometen como un dinero fácil y sin complicaciones. Mira, a partir del 2013, cuando se acelera el auge de las grandes granjas, pierde población todos los años.

En Mira proliferan las granjas conocidas como de broilers, el broiler es una variedad de pollo desarrollada específicamente para maximizar la producción de carne minimizando el tiempo de crecimiento. Esta barbaridad genética produce pollos con problemas en sus patas, las cuales no pueden sostener sus pesados cuerpos. Dos de cada tres tienen problemas en este sentido y están condenados a un sufrimiento de por vida hacinados en granjas.

Creemos que otro modelo es posible y necesario, y por ello seguiremos oponiéndonos a todos los proyectos que, como los de Alborea y Mira resultan totalmente insostenibles.