La L¿?a

Antes de hablar de mi experiencia en La L¿?a quiero lanzar un extensa reflexión:

Desde que la palabra peregrinación mutó a turismo, debido al ritmo frenético del capitalismo en nuestra sociedad, hemos estado conociendo cientos de lugares sin aprender cómo cuidarlos.

Cuidar el medio ambiente implica una labor continua, trabajando asiduamente en su protección, lo que se recompensa con una vida en armonía con la naturaleza. Una dinámica en la que el ser humano y la naturaleza se ayudan mutuamente, de hecho, pasamos a ser naturaleza.

Cuando realizamos senderismo los fines de semana, aprovechamos el paseo para recolectar frutos, setas o flores, y no tenemos en cuenta que no nos pertenecen. Cuando invadimos un espacio, donde gobierna la quietud de la naturaleza, no reflexionamos en que quizás alguien arregló aquel lugar para disfrutarlo tranquilamente, y nosotros hemos arruinado su esfuerzo. Quizás nos falta esa sensibilidad, la cual no empieza hasta que nos involucramos en el entorno, vaciada de una visión antropocéntrica.

Os pretendo narrar mi experiencia en La L¿?a, un lugar que no debe ser publicitado, y explicaros la necesidad de implicarnos adecuadamente al llegar a un nuevo espacio. Solo desvelaré que se trata de un lugar en medio de la naturaleza en la provincia de Albacete, junto a un río. Un lugar preservado por un grupo de personas, organizadas autónomamente a cualquier institución pública.

Las personas que han decidido enraizar y vivir allí, en medio del cálido silencio que crea la naturaleza, reclaman respeto a los turistas, los cuales campan a sus anchas los fines de semana sin tener en cuenta que el lugar existe gracias a su cuidado. Se nos suele pedir que transitemos sin causar daño, pero es mucho más recomendable, enriquecedor y positivo para todos ofrecer nuestra colaboración en lo que podamos ayudar una vez llegamos al lugar.

“Resetearse” es la palabra que utilizó una mujer para definir su experiencia en este La L¿?a.“Llevamos tanto tiempo alejados de nuestra esencia primigenia, la naturaleza, que ya no sabemos cuidarla instintivamente. Ya ni siquiera nos preocupamos por echarles migas de pan a los pájaros”.

Entrar a vivir a este espacio exige que vayas a cumplir esa norma: la naturaleza se encuentra por encima de nosotros.

Ofrece tu ayuda, aporta y respeta siempre que vayas a un lugar nuevo.