LA OREJA DE LIEBRE

A mediados de mayo empieza la floración de la oreja de liebre, una planta de la familia de la labiadas de gran belleza e interés por los usos que nuestros abuelos y abuelas le daban.

Esta mata lanosa y de llamativas flores amarillas es frecuente en ribazos, caminos y cultivos abandonados de toda la comarca. Sus hojas poseen una vellosidad densa que les da un aspecto blanquecino en el envés (razón de su nombre vulgar) y los tallos tienen en su parte superior, dispuestos a intervalos, una especie de recipientes formados por pares de brácteas en los que aparecen las flores en grupos de 4 a 8. Además de su color y su forma de casco, llama la atención su delicado olor a vainilla.

El nombre científico con el que se le conoce, Phlomis lychnitis, presenta un interesante significado. “Phlox” significa en griego llama y “lychnos” significa lámpara. Esto hace referencia a que las hojas y brácteas han sido utilizados hasta no hace mucho para fabricar las mechas de los candiles de aceite, ya que su estructura esponjosa y su pilosidad les confiere gran durabilidad. Por ello, en muchos lugares esta planta se conoce con el nombre de candilera.

La oreja de liebre ha sido utilizada con diferentes fines medicinales, como el tratamiento de las hemorroides mediante lavados, en infusión para mejorar las digestiones y curativa para la piel.

En El Herrumblar a esta planta se le llama sanjuan o sanjuanes, ya que es costumbre extendida entre los vecinos de esta localidad recogerla la víspera del 24 de junio, poniéndola en palanganas con agua al sereno durante la noche. La mañana de San Juan se lavan la cara con esa agua. Sin embargo, el cambio climático está provocando que, desde hace algunos años, el ciclo vital de la planta se adelante, encontrándose ya agostada para esa fecha.

En la primavera de 2020, los cielos nos han regalado “aguas miles”, que han regado los campos de La Manchuela, cuajándolos de candileras y otras flores. Disfrutémoslas en nuestros paseos y dejémoslas en su sitio para que sirvan de alimento a la multitud de insectos que viven de las flores. Y recuerda, las plantas silvestres alimentan biodiversidad, protegen nuestros cultivos y son vitales para la fauna.

NO EXISTEN MALAS HIERBAS, SINO MIRADAS INTERESADAS.

¡PROTEGE LOS RIBAZOS Y LOS HERBAZALES!

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